Las campanas repicaban bajo un suave amanecer entre el río Ara y Cinca bajo el cielo de L’Ainsa, primer pueblo en mi recorrido por Huesca. La iglesia románica donde me encuentro, conserva hoy todo su esplendor desde su construcción en el siglo XI, L’Ainsa depara al visitante numerosas joyas arquitectónicas, su fortaleza del siglo XVI, sus calles medievales que encierran interesantes muestras de arquitectura civil y popular y su maravillosa plaza porticada.
También desde lo alto del campanario de L`Ainsa, que antaño acometía doble función, religioso y militar, podía casi perder la vista ante el extenso recorrido de la Peña Montañesa, parada obligada de cuantos viajeros pasaron y pasaran por estas tierras Oscenses. Vuelvo la vista, respiro hondo y comienzo a pensar. Allí me encontraba en la que fue antigua Capital del reino de Sobrarbe, ciudad de privilegios por cuantos reyes la gobernaron; el derecho de pontazgo (todo aquel que cruzara puente debía de pagar peaje o impuestos dependiendo de su condición social o bienes que poseyera), el derecho a celebrar ferias, los famosos Fueros de Jaca, hasta la primera escuela de Gramática. Muy poblada estaba L´Ainsa en la Edad Media, su museo LaTorre con su gran arco de entrada y con una construcción que data entre los siglos XVI y XVII, nos recuerda las gentes que allí vivían y que hoy conservan los utillajes de los ganaderos y campesinos que confeccionaban con sus manos los mejores aparejos para sus labores diarias. Por su paso estratégico entre Francia y España hasta allí llegaron los arrieros del llano, aportando a sus gentes utensilios que allí no fabricaban.
Paseo por la plaza, me siento mujer medieval, antiguos mercaderes rondaban las esquinas ofreciendo mejor producto, los trueques eran por aquel entonces la mejor moneda de cambio, las casas que conservan hoy todo su esplendor, me recuerdan los fríos duros inviernos a los que se vieron sometidos sus gentes. Mil puntos de encuentro, calles adoquinadas como de antaño, antiguos cafés y restaurantes, donde la comida popular hace presencia en cada uno de ellos y que aun todavía conservan entre sus muros las reuniones de sus gentes... Todo te hace sentirte en cual escenario de película... todo esta perfectamente armonizado con el medio. Me asalta la memoria histórica y recuerdo que allá por el año 724 sucedió algo extraordinario, un hecho peculiar que fue cantado por trovadores de época y que hoy tiene su espacio en la historia de sus calles y plaza. El venerado Garci_Ximeno, un valiente rey procedente de Jaca, armo y recluto a un pequeño ejército de cristianos montañeses con la intención de expulsar a cuantos moros allí gobernaban para tomar de nuevo la villa de L’Aínsa al mandato cristiano. Cuenta la leyenda histórica que sobre los campos que hoy divisa el viajante con gran expectación , se sintieron enormes estallidos de dolor y derrumbamientos de cristianos... estos en inferioridad para con sus enemigos, bajos de moral y pensando en la entrega como unica elección , desistiendo en la conquista del valle y unidos a una gran desesperación apareció sobre ello una cruz de fuego en lo alto de una encina, tiñendo el cielo de rojo por completo, y haciendo que todo hombre musulman se rindieran y entregarán la plaza donde hoy miles de turistas pasean cada verano recorriendo lo que es un enclave medieval en perfecto estado. No se si la leyenda tiene peso en nuestra actual realidad, pero la Cruz de Sobrarbe hace gala de esa historia, sus gentes se sienten rendidos ante ella y a mi, un viajante más que quiere vivir hechos pasados quiere creer y siente que existió y sucedió.
Datos de interes;
L’Ainsa se encuentra a 101km de Huesca por la N260. Actualmente la villa cuenta con dos grandes fiestas conmemorativas a su leyenda histórica, del 13 al 17 de Septiembre celebra la danza de la “Morisma”y una fiesta en honor a la exaltación a la Santa Cruz, reproduciendo la batalla conmemorativa a su reconquista, pero cualquier fecha es buena para justificar la visita a la villa. Su demografía actual asciende a más de 1950 censadas ampliando en los meses de verano por la visita incesante de cientos de turistas.
Los restaurantes aconsejados para degustar un menú típico son Bodegas de Sobrarbe, donde los comensales podrán apreciar una extensa carta de vinos de la zona y Callizo con un menú de cantidad, calidad, sabores y platos innovadores.
Los alojamientos dependen del bolsillo del viajante, en la fortaleza los hoteles tienen poca disponibilidad debido a sus plazas reducidas pero en los derredores del pueblo hay cantidad de casas rurales muy bien equipadas y con buen servicio.



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